La inseguridad de escribir

16 de marzo de 2023

En la carta que acompañaba al manuscrito de su última novela, F. Scott Fitzgerald decía a Maxwell Perkins, su editor, «creo que mi novela es más o menos la mejor novela estadounidense jamás escrita».

 

Qué seguridad. Qué poderío.

 

Como tenemos acceso a la correspondencia que intercambiaron Scott Fitzgerald y Perkins, sabemos que según fueron pasando los días, el escritor fue matizando su propia opinión de aquella novela, con frases como «quizás necesite que revise algunas cosas» o «debo corregir algunas partes». Pocas semanas después de creer que su obra era perfecta, Scott Fitzgerald le pidió a su editor que tirara aquel manuscrito a la papelera, porque lo consideraba una verdadera basura.

 

¿Qué ocurrió durante aquellas semanas?

 

No lo sabemos, pero puedo imaginar que el autor fue releyendo su manuscrito y sintiéndose cada vez más inseguro de sus propias palabras. Probablemente primero aparecería un pequeño error, nada que no se pueda corregir reescribiendo unas pocas palabras; quizás después encontrara un fallo en la trama, algo que no encajaba. Al final, al bueno de Scott Fitzgerald toda la obra le parecería deleznable.

 

Hay una cosa que envidio de toda esta historia: que durante un lapso de tiempo, al autor le pareció que su obra era sublime. No me imagino qué debió sentir durante esos días porque mi subidón de adrenalina apenas me dura unos minutos. La mayoría de las veces, ni siquiera tengo subidón, solo dudas, siempre dudas.

 

Cuando creo que tengo un tema y empiezo a desarrollarlo, el tema me parece insustancial y manido. Cuando imagino un personaje y lo cargo de atributos, me resulta plano y artificial. Si escribo un poema sobre una emoción, se me antoja artificioso e inexpresivo.

 

¿Tan mal escritor soy? No es necesario que me respondas a esa pregunta. Gracias.

 

No, lo que sucede es que cuando escribo me siento inseguro. Qué alivio, si es eso, no soy la única persona a la que le sucede; al contrario, es algo mucho más frecuente de lo que parece.

 

Según Alejandro Marcos, autor de El final del duelo (2015, Orciny Press), Vendrán del este (2018, Orciny Press) y Cástor y Pólux (2022, El Transbordador), esa sensación de inseguridad deriva de que el oficio de la escritura necesita de un feedback exterior para ser totalmente validado.

 

Desde ya digo que el razonamiento de Alejandro Marcos me produce una cierta desazón: siempre he creído que mi inseguridad era mía, intrínseca o adquirida, pero sobre mi propio proceso de creación. Pensar que en último término es la opinión futura de los lectores la que me genera dudas significaría reconocer que los demás me condicionan más de lo que me gustaría.

 

Vaya, tiene sentido, pero me cuesta aceptarlo. Gracias, Alejandro, ya tengo otra cosa más en la que pensar.

 

¿Y tú qué opinas? ¿Escribir te provoca cierta inseguridad? ¿Te ha ocurrido que tras escribir un texto estás exultante, pero que al releerlo varias veces lo arrojarías a la basura? ¿Crees que es posible minimizar esa sensación? ¿Cómo?

 

Por cierto, la novela aquella que Scott Fitzgerald le pidió a su editor que tirara a la papelera era El gran Gatsby.

Post scriptum

Hace unos meses leí Sola (2021, Libros del Asteroide), de Carlota Gurt. Se trataba de una de las diez o doce novelas que seleccioné como preparación para escribir el primer borrador de la novela en la que estoy trabajando. Ese libro habla de la soledad, pero también de la locura de escribir y de las inseguridades que acechan a su protagonista en cada palabra que elige o descarta en el proceso de escribir su propia novela.

 

Por cierto, una buena cantidad de las cartas que Scott Fitzgerald escribió están recopiladas en el libro El Arte de Perder, una vida en cartas (2015, Editorial Círculo de Tiza).

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