Manifiesto por el Día Internacional de la Mujer

La ONU declaró el 8 de marzo como «Día Internacional de la Mujer» con el objetivo de reivindicar los derechos de las mujeres y la igualdad de oportunidades entre estas y los hombres. El 8 de marzo es un día de celebración, pero ante todo debe ser un día de reivindicación.

 

En los últimos años hemos asistido a un cambio de paradigma en las sociedades occidentales que ha permitido a las mujeres ocupar espacios que antes les estaban vedados, pero de ahí a la igualdad de oportunidades queda aún mucho camino por recorrer.

 

Cuando en los años 90 se trataba el tema de la Generación del 27 en Literatura, estudiamos la vida y la obra de poetas como Federico García Lorca, Rafael Alberti, Luis Cernuda, Pedro Salinas, Vicente Aleixandre, Dámaso Alonso o Gerardo Diego. Quien más y quien menos, todos recordamos esos nombres. Sin embargo se omitieron a las escritoras, a todas las escritoras y nombres como Concha Méndez, María Teresa de León, María Zambrano, Rosa Chacel, Ernestina de Champourcín o Carmen Conde ya no nos suenan tanto. Digo que «se omitieron» porque eso fue exactamente lo que sucedió: sus nombres se borraron conscientemente de los libros de Literatura. Hemos tenido que esperar hasta la segunda década del s. XXI para que empecemos a recuperar las biografías y las obras de estas grandes poetas, eso sí, siempre consideradas un escalón por debajo de sus compañeros masculinos.

 

Al escribir la frase anterior, «recuperar las biografías y las obras de estas grandes poetas», el corrector ortográfico me ha sugerido que quizás en lugar de «estas» sería más correcto escribir «estos», «estos grandes poetas». ¿No es acaso un síntoma de cómo la tecnología reproduce los sesgos de género que perviven en la sociedad?

 

El ejemplo de la Generación del 27 me da pie para insistir en lo lejos que aún estamos de lograr la igualdad efectiva entre mujeres y hombres. La cultura es un reflejo de esa desigualdad y aunque se están dando pasos para recuperar lo que conscientemente despreciamos durante décadas, aún hoy se siguen considerando a las escritoras, pintoras, compositoras o cineastas como algo pintoresco, siempre un paso por detrás de los grandes genios (hombres, siempre hombres) de la cultura.

 

En las democracias occidentales ya contamos con leyes redactadas para garantizar la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, pero la sociedad aún está lejos de asumir esa igualdad. En los últimos años nos enfrentamos a un reto nuevo: todo un ecosistema cultural, especialmente en la industria de la música, orientado a la cosificación de la mujer y a la exaltación de lo masculino como sinónimo de supremacía y poder.

 

Lamentablemente, las generaciones más jóvenes, educadas en una sociedad donde las leyes defienden la igualdad entre todas las personas, no entienden la necesidad de luchar diariamente por deshacer la brecha que sigue separando a las mujeres de los hombres. Ya no se trata solo del bombardeo de ciertas manifestaciones culturales y de pensamiento machistas, se trata también del ejemplo que los padres y abuelos les estamos dando a los chicos en nuestra vida ordinaria. Nuestros hijos y nietos aún ven que quien cocina, friega y lava la ropa son las mujeres, que en las películas, los personajes masculinos tienen sus propios conflictos y que los conflictos de los personajes femeninos están relacionados con ellos, que los hombres tienen una especie de derecho al sexo y que las mujeres tienen el deber y la responsabilidad de satisfacer esos deseos.

 

Esta regresión está provocando que entre los jóvenes se consideren aceptables comportamientos que yo no dudaría en considerar machistas, entre ellos, una violencia de grado bajo, pero violencia contra las mujeres al fin y al cabo.

 

La violencia de género no es una violencia episódica, sino estructural y está fuertemente arraigada en nuestra cultura. Una de cada dos mujeres ha sufrido algún tipo de violencia machista a lo largo de su vida; además, un 20% la ha sufrido en los últimos 12 meses, lo que suponen más de cuatro millones de mujeres de nuestro país. El 40% de las mujeres han sufrido acoso sexual en algún momento de su vida, el 10% (dos millones de mujeres), en los últimos doce meses.

 

Es también grave que en esa encuesta se dieran muchos casos de mujeres que afirmaban no haber sufrido nunca violencia machista o acoso sexual sencillamente porque habían normalizado un tipo de violencia o acoso de grado bajo. La sociedad ha normalizado un cierto grado de violencia o acoso contra las mujeres y eso es inaceptable.

 

Pero voy aún más lejos: en demasiadas ocasiones es en los propios hogares en los que se establecen diferencias entre hombres y mujeres, considerándolos a ellos un escalón por encima de ellas, otorgándoles a ellos más derechos y a ellas más obligaciones.

 

No existirá la igualdad real mientras las niñas tengan miedo en la calle y deban volver a casa acompañadas o varias horas antes que sus hermanos.

 

No existirá la igualdad real mientras en el mercado laboral, los empresarios prefieran contratar a hombres que a mujeres.

 

No existirá la igualdad real mientras las mujeres tengan que trabajar más que los hombres y mimetizarse con ellos para lograr un ascenso laboral.

 

No existirá la igualdad real mientras las mujeres continúen cobrando por el mismo trabajo que los hombres un 12% menos.

 

No existirá la igualdad real mientras sea necesario establecer cuotas de mujeres en los órganos de dirección de las empresas.

 

Y todo eso trata de nuestro país, una sociedad occidental basada en los derechos de las personas, pero, ¿y qué hay del resto del mundo, de zonas como África, Asia o la América Latina? Nuestro planeta continúa siendo mayoritariamente machista y los derechos de las mujeres son aplastados en todo el mundo. La permeabilidad de las fronteras y de la cultura provoca que ese machismo global inunde nuestra propia sociedad, de ahí que la lucha de cada uno de nosotros deba ser aún más decidida y vehemente.

 

El 8 de marzo es un día de celebración, pero ante todo debe ser un día de reivindicación.

Marbella, 8 de marzo de 2023

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